Antes de que estallara la crisis financiera internacional en su
primera fase, en el verano de 2007, diversos organismos
internacionales, capitaneados por la OCDE, habían lanzado
iniciativas para promover la cultura financiera entre los ciudadanos.
Cuando la crisis empezó a causar estragos en los sistemas financieros
de los países más avanzados y a impactar de lleno, potenciada por un
bucle diabólico con el sector real, en las economías familiares, se hizo
más evidente la necesidad de corregir el déficit existente en una
vertiente tan determinante del curso de los acontecimientos económicos
y sociales. La crisis que venimos padeciendo desde hace más de un
lustro ha avivado las conciencias para tratar de adoptar aquellas
medidas que eviten en el futuro, si no completamente la aparición de
crisis del crédito y la deuda, al menos episodios tan virulentos como los
que hemos vivido recientemente.